Las páginas de los diarios y canales de TV anti policías no pudieron ocultar una muestra palpable de lo que la Policía Nacional Civil de Salvador puede hacer por defender al pueblo.
El pasado 10 de junio, el sargento Oscar Mauricio Lima Fajardo, murió en un operativo cuya meta era neutralizar el secuestro de un niño. En el intercambio de disparos el uniformado perdió la vida, pero el niño salió ileso.
Además, con su acción decidida el sargento hirió de muerte a uno de los malhechores y permitió la captura de otros.
Con esa acción llevada a cabo en el Departamento de Sonsonate quedó demostrado, lo que planteamos en un editorial hace un par de meses con relación a la nobleza del trabajo policial.
Dijimos en esa oportunidad:” La profesión de policía es doblemente noble. …Los hombres y mujeres de uniforme protegen y salvan seres humanos con un valor agregado, que no es cualquier valor: lo hacen arriesgando sus propias vidas”.
Recalquémoslo y valga la cacofonía. El niño quedó vivo porque un policía se la salvó la vida a costa de su propia vida.
Este fue el caso del Sargento Lima Fajardo, policía de profesión y de vocación, quien por cierto era un veterano en las lides de inteligencia policial. Ese fue su especialidad desde que ingresó a la PNC en 1994.
El participo en un inició en la División de Investigación Criminal y posteriormente, fue prácticamente fundador de la División Elite contra el Crimen Organizado (DECO) instancia la perteneció hasta el momento de su muerte.
Queremos subrayar que el héroe era padre de tres niños incluso (más pequeños del que salvó la vida) a quienes, según sus compañeros de la DECO, les había prometido trabajar por dejarles un país en el que no reinara la violencia y la delincuencia.
Dijo unos de sus compañeros: “Recuerdo que el decía que soñaba con que algún día se pudiese controlar la delincuencia, pues el quería dejar una buena herencia para sus hijos y nietos lo cual es vivir en un país seguro”
Lima Fajardo no es el único uniformado que ha fallecido durante el presente año en plena acción o en circunstancias en las que también tuvo que ver su condición de policías. Al menos otros seis también murieron.
Desde que la PNC inició operaciones en 1993 han fallecido un promedio de mil policías, de ellos cerca de 300 en el estricto cumplimiento del deber.
Además, otros 400 quedaron con capacidades especiales por la misma razón por la que ellos también son héroes a la que todos los salvadoreños y salvadoreños debemos profundo respecto.
Lima Fajardo y muchos mas ofrendaron la vida por el pueblo. Sus jefes y compañeros, hombres y mujeres de uniforme o sin uniforme hemos decidido no esperar el Día de los finados o la Semana del Policía para rendirle el tributo que merecen.
Honor para Lima Fajardo. Honor para los cerca de mil policías que han muerto defendiendo al pueblo. Honor para los cerca de 400 que han quedado con capacidades especiales en cumplimiento del deber, que no es otro que garantizar la paz y la justicia en nuestra Patria. (FIN)
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